Una crisis que la Reserva Federal no puede solucionar
En un principio fueron las rebajas de las tasas de interés, pero las medidas fueron evolucionando hacia niveles sin precedentes históricos en cuanto al esfuerzo de la Fed por contener la crisis.

Nunca antes había tomado medidas tan extremas, como la de otorgar préstamos a los bancos aceptando activos de dudosa calidad como garantía, la financiación del salvataje de Bear Sterns por parte de JP Morgan o, directamente, convertirse en el prestamista de última instancia en caso de que las instituciones financieras así lo requieran.

Sin embargo, si se mira el problema con un poco de perspectiva parece que hay límites bastante claros a los que la Fed puede llegar en cuanto a amortiguar la crisis.

En primer lugar, los problemas se generaron porque se prestó demasiado dinero en créditos hipotecarios cuya garantía (los precios de bienes raíces) estaban exponencialmente inflados por encima de cualquier nivel racional. Esto implica que por más de que se le de dinero a las instituciones que los realizaron, una medida de este tipo no puede tener mayor efecto que el de posponer lo inevitable: un crédito incobrable no se volverá cobrable con esperar unos meses más.

Quienes tengan en su cartera estos instrumentos garantizados por préstamos sin valor deberán afrontar las pérdidas que correspondan tarde o temprano. Al prestar dinero a las instituciones en problemas, la Fed está ganando algo de tiempo para que se logren buscar soluciones menos traumáticas para los mercados, pero no puede solucionar el problema.

Parecería que su titula, Ben Bernanke y su equipo están avanzando algunos pasos más allá de lo que implica prestar dinero a corto plazo y con bajo riesgo para evitar el pánico transitorio de los mercados.

Algunas de las últimas medidas, como prestar dinero a cambio de activos cuya calidad está en tela de juicio, o intervenir fuertemente en el salvataje de Bear Sterns parecen estar apuntando hacia un enfoque más radical.

Al asumir directamente ciertos riesgos, la Fed parecería estar dispuesta a compartir las pérdidas ocasionadas por la crisis. Esta nueva estrategia no sólo es bastante polémica desde el punto de vista ético, sino que también encontrará límites tarde o temprano.

Para entender esta cuestión, hay que tener en cuenta que cuando asume como propias las pérdidas de instituciones privadas, lo que está haciendo es, indirectamente, trasladar los costos de las malas decisiones que tomaron, entre otros, los directivos de Bear Sterns hacia los tenedores de dólares estadounidenses alrededor del planeta.

Básicamente, la Fed los emite para otorgar estos créditos, lo que genera que haya exceso de oferta de moneda, caiga su valor y sus tenedores vean dañado su patrimonio.

De esta manera, cualquier persona que tenga dólares se termina haciendo cargo de los problemas generados por la burbuja inmobiliaria y crediticia de los últimos años. Ciertamente Bear Sterns no compartió con el resto de la sociedad sus ganancias durante la fiesta, parece poco probable que los tenedores de dólares sigan aceptando de buena gana que la Fed los haga solidarios de las pérdidas.

Las medidas impulsadas por la Reserva Federal no podrán generar una solución de fondo a la crisis que se está viviendo en los mercados y en la economía.

Hubiera sido mucho más productivo que se hubieran preocupado en su momento por evitar el crédito especulativo y la formación de la burbuja inmobiliaria cuyas consecuencias se están pagando ahora.

A esta altura de las circunstancias, resulta preferible que se concentren en aprender las lecciones de la crisis y no volver a generar graves distorsiones con una política monetaria inconsistente con la realidad.